lunes, 30 de julio de 2012

"Cuando el trabajo es un placer la vida es bella. Pero cuando nos es impuesto la vida es una esclavitud." Maximo Gorki

Me pregunto por que nos es tan difícil recuperar la voz de la intuición; lo que es más, ¿por qué es tan difícil recuperar la confianza en esa voz? Supongo que nos hemos pasado media vida tomando por buena la voz de la mente "de lo que es mejor para nosotros", "de lo que se espera de nosotros" o "lo que las demás personas harían en nuestro lugar".

Hasta hace relativamente poco, también me dejaba llevar por la inercia de lo correcto, aunque en mis entrañas algo me gritara un NO desesperado. Era capaz de sacrificar mi día a día para acallar la voz de los fantasmas del miedo, sin darme cuenta de que así sólo los estaba alimentando más y más. Capaz de mirar hacia otro lado cuando mi cuerpo enfermo y débil me pedía un respiro. Haciendo así que esos fantasmas crecieran a medida que la confianza en mi intuición se iba haciendo cada vez más pequeña y endeble.
La vida, tan sabia como siempre, me ha vuelto a colocar en esta situación, una encrucijada muy particular para que yo misma sea capaz de testar hasta dónde estoy dispuesta a comprometerme conmigo misma.

Es la primera vez que aún habiendo estado a punto de dejarme llevar, he sido capaz no sólo de sobreponerme, sino de concederme a mí misma libertad.
Libertad para decir no. Pese a quien pese y sin saber qué vendrá detrás. Sin ninguna garantía. Sólo con la certeza de haber hecho lo que de verdad quiero.
Por supuesto el miedo pesa en mi hombro y los fantasmas agitan los brazos llevándose las manos a la cabeza, intentando hacerme ver el error que cometo en mi decisión mostrándome imágenes de arrepentimiento y paisajes sombríos. 

Pero hay algo en mi que por fin respira aliviado. Después de mucho tiempo, esa voz es la que me guía.

Este es mi salto de fe.



"A dos hombres venero yo en este mundo: al labrador sufrido de mano callosa y nervuda, en la que permanecerá para siempre una real e indeleble majestad, puesto que en ella está el cetro de este mundo. 
Y a aquel que trabaja por las imprescindibles necesidades del espíritu; no por el pan cotidiano, sino por el pan de la verdadera vida."
Thomas Carlyle


lunes, 16 de julio de 2012

"Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto". Antonio Porchia

No siempre recibimos lo que esperamos, supongo que eso ya "lo sabemos". Lo que sí se es que a veces, lo que recibimos no es sólo algo que no esperamos, sino que puede partirnos por la mitad, paralizarnos. Condicionarnos.
A veces nos encontramos con amargas sorpresas de desilusión de parte de personas a las que creíamos cercanas, o con las que sosteníamos (quizá unilateralmente) un lazo no sólo de amistad, sino también de admiración.

Puede que haya quienes pongan en duda tus aptitudes, quienes pongan límite a tus capacidades o las nieguen tajantemente. Quienes señalen con el dedo dibujando el vacío, en un jardín lleno de vida, intentando hacerte ver que allí  no hay ni semilla, ni planta, ni flor. 
Lo peor de todo es que incluso puede que tu así lo veas. Aunque sólo sea por un momento pueden hacerte dudar de tí mismo. Esas grabaciones que después son tan difíciles de borrar.

Supongo que si se dieran cuenta del daño que son capaces de causar no lo harían. O esa es la esperanza a la que quiero aferrarme, después de la desesperanza primera. 
Quiero pensar que igual de capaces son, de a cada persona a la que hablaron sobre ese paisaje sombrío y árido, de a cada persona a la que condicionaron hablando mal, de cada relación que paralizaron con esa cortina de humo; de honestamente, hablarles de la verdad. De que no hay nada oscuro allí, más que su miedo.
¿Cómo puede alguien caminar sin más privando a alguien de amistades por mentiras injustas?

Algunos disfrutan si para mirarles tienes que subir la cabeza, si les ves en un trono opulento subidos en un altar bien alto (uno al que (supuestamente) tú no puedes acceder).

Todos tenemos un trono esperando a ser ocupado. Esperando que lo disfrutemos. Un trono que no entiende de jerarquías, pero sí del más profundo respeto a los caminos del prójimo. Un trono de palabras amorosas, no siempre suaves, pero nunca hirientes. Un trono que no necesita negar a los demás para afirmarse a sí mismo. Un trono único y poderoso, tanto como los de alrededor.
Un trono desde el que agarrar la mano de los que aún no lo han ocupado y empujarles hacia arriba, en vez de ponerles el pie en la frente para mantenerlos abajo.

El mío aún está sin ocupar, lo reconozco. Todavía tengo que quitar de encima algunos velos. Pero ya no tantos. 

"No impongas a nadie lo que tú mismo no puedas soportar."
Publio Siro


domingo, 15 de julio de 2012

"Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en un monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de tí." Nietzche

 

Existen quienes son capaces de ver en nosotros más allá de lo que mostramos conscientemente; aquellos quienes pueden ver nuestra sombra con una simple mirada. Esto es un don, algo que bien entendido, puesto en práctica desde la responsabilidad puede ser muy útil a la hora de ayudar o contribuir en el proceso de evolución de esa persona.

Pero cuidado con mirar sin amor. Con los juicios, las sentencias. Cuidado con fijar la vista afuera, olvidando que, quien más quien menos, tenemos nuestros monstruitos en el armario o debajo de la alfombra...


Parece que últimamente las cosas andan revueltas, tormentas solares y otros acontecimientos nos tienen revolucionados, incluso aturdidos.

Párate, respira.
Conecta con el silencio interior. Allí encontrarás la Verdad.
Desconecta del miedo en el que quieren sumergirnos.
Confía.