martes, 27 de agosto de 2013

"Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se pudo." Marie von Ebner-Eschenbach

Un día mi corazón se convirtió en reloj, sus manillas sonaban decididas, acompasadas, certeras.

Había horas oscuras y, mi reloj se paraba. Dormida en otra hora, vivía en otro momento como si fuera el presente, sin reparar en que ese tiempo era simplemente pasado; relacionándome con personas que ya no existían, con situaciones caducadas, vivenciando una y otra vez horas de duelo, de angustia. 

Cuanto más tarde me hacía consciente de que el reloj se había parado más me costaba darle cuerda, incorporarme a la hora verdadera era un esfuerzo heroico.
Como si me hundiera en arenas movedizas, cuanto más trataba de moverme más me atrapaba... parecía que cuanto menos me resistía mas "rápido" pasaba, por lo que elegí someterme a los caprichos de estas pausas.
A veces el paro era violento, abrupto, demoledor. Otras la aguja perdía velocidad lentamente hasta detenerse. Otras yo misma era quien con alevosía las detenía, camuflando la acción bajo la apariencia de una fuerza que emergía de mis profundidades.

Bloqueaba el flujo del tiempo intentado convencerme de que lo que pasó es lo que pasaría, que no había nada mejor esperando, ninguna otra opción a mi alcance... La oscuridad permanecía, silenciosa, llana, fría. Sola. Ausente en el tiempo que era, parada en el tiempo que fue. Era el mismo silencio el que me impedía escuchar que el problema era que las manillas no estaban girando, ese silencio seco que aturdía mi mente haciendo que no oyese nada más.

Cuando nunca olvidas que tienes a tu alcance la manilla para impulsar el giro eres capaz de hacer que no pare nunca, manteniendo la atención, estando a la escucha, poniendo los cinco sentidos en cada hora. Soltando los momentos que preceden el ahora. Viviendo despierto, sin las cargas de un pasado que fue y que no volverá. La manilla ya pasó por esas horas. Pero esta es nueva, y es nuestra gran oportunidad.

"No es el tiempo el que nos falta. Somos nosotros quienes le faltamos a él."
Paul Claudel

lunes, 12 de agosto de 2013

"La vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer." Hermann Keyserling

Uno de los aprendizajes mas duros con los que me he encontrado es el de respetar la forma en que mis seres queridos se hacen daño, desde mi corazón puedo ver que esa es la forma que ellos han elegido para evolucionar, para integrar sabiduría, para crecer... Mentiría si dijera que puedo permanecer siempre calmada y amorosa a su lado, cuando lo que muchas veces quiero es agarrarles por la pechera y zarandearles para gritarles una y otra vez BASTA!!!, Es que no ves donde vas??

Observar y acompañar amorosamente, sin juicio es un aprendizaje duro y algunos días abrupto. Mi espíritu a veces anhela esa varita mágica capaz de con un solo golpe disolver cualquier sufrimiento. Porque los aprendizajes personales son duros. Pero los que mas duelen son los de las personas que amamos. Quizá sea la ausencia de uno de los padres durante la infancia, quizá una adicción en la familia, la ausencia de personas importantes, amigos que se distancian... Aprender a no interferir en procesos, mantenernos a un lado y hablar solo cuando se pida nuestra opinión. Aprender a no manipular, levantar el pie del acelerador y ser generosos a la hora de brindar el tiempo necesario para cada uno. Sin olvidar darnos tiempo para recuperarnos de esas experiencias a nosotros mismos. Por que cuando remolcamos a los demás solemos dejar de prestar atención a quien conduce y sólo miramos que no se suelte lo que viene detrás. Pero no debemos olvidar, que lo que empuja debe ser cuidado con mimo, procurando no quedarnos con esas cosas que pretendemos arrancar de los demás. 

"La vida es un arco iris que incluye el negro." Yevgeny Yevtushenko 

Últimamente he echado de menos a algunos amigos, la presencia de quien pudiera tirar de mí también. Puede que en paralelo estamos viviendo situaciones que en el futuro hagan que nuestra relación sea mas sólida, puede que no soportemos lo que esa relación muestra de nosotros mismos, puede que algunas relaciones simplemente no tengan que ser ahora. 
Con el tiempo también se aprende a no reprochar las ausencias. Y a recibir con gratitud el más leve gesto de ánimo o complicidad. Hay quien aún estando lejos, puede situarse en nuestro regazo en una llamada telefónica.