domingo, 25 de octubre de 2015

"Si quieres la luna no te escondas de la noche. Si quieres una rosa no huyas de las espinas. Si quieres amor, no te escondas de tí mismo." Rumi

Estoy tan cansada de leer qué es el amor... tan hastiada de etiquetas, de conceptos románticos, de límites que una vez traspasados son un viaje sin retorno, de lo que es y lo que no, lo que debe y lo que jamás puede suceder, lo que se puede aceptar y lo inadmisible. ¿Podría aclararme alguien si el amor puede entenderse como un concepto rígido e inamovible? ¿Cuándo lo intangible muta para convertirse en dogma? ¿No son todas esas definiciones, esos conceptos más que contenedores vacíos de verdad?

He llegado a la conclusión de que todo eso no hace sino aflijrnos, coartar nuestra libertad, limitar nuestro corazón. Libertad, amplitud, misterio... un constante morir y renacer. El amor es una danza íntima desde lo profundo, proyecta nuestra luz como un caleidoscopio, jugando con los colores, creando formas, fuente inagotable de la que no nace dos veces el mismo agua.

Así como vivas el amor es perfecto mientras lo vivas con todo tu corazón. Mientras el miedo no te impida bailar su danza infinita. Hay tantas formas de danzar como almas. Puede que escuchemos la misma orquesta, pero quizá bailemos diferentes instrumentos. Por eso no importa si la danza es distinta a las demás, lo único importante es que seamos nosotros mismos quienes experimentemos, sin condicionantes, cómo es el amor.

El amor cambia, y en el cambio lleva implícita su mayor bendición. Aún a través de la sombra más oscura el amor permanece, guarda el néctar de los frutos escondidos a los que solo la fe puede guiarnos. Cambia de ritmo, pero permanece. El amor siempre se queda.


"Esto es amar: volar hacia un cielo secreto, causar que cien velos caigan cada momento. Primero dejar ir la vida. Finalmente dar un paso sin pies." Rumi