martes, 8 de marzo de 2016

“Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?” Arturo Graf

A veces nos concedemos mucha más importancia que la que deberíamos, ¿no crees?
Si bien es cierto que lo más importante para uno mismo es precisamente ser uno mismo, hemos de tener cuidado con exagerar nuestro ego de forma que necesitemos imponernos sistemáticamente frente a los demás o ser siempre el centro de atención, puesto que cuando uno no mira más que por sí mismo inevitablemente termina por desvalorizar a los demás (que anecdóticamente pueden necesitar un poco de atención).

Cuando necesitamos reafirmarnos constantemente y llevar afuera la prueba de lo que somos seguramente es que algo no anda bien ubicado dentro. Y no hay que tomar esto como un reproche, sino como una llamada de atención, una puerta que nos invita a explorar lo que subyace ofreciéndonos la oportunidad de encontrar los tesoros ocultos de esas cuevas oscuras. Como el hilo de Ariadna, sólo tenemos que sostenerlo y caminar para salir del laberinto. Siempre y cuando estemos dispuestos a adentrarnos en él. Siempre y cuando estemos dispuestos a recorrer su totalidad.

Atención, no quedes atrapado en ti mismo sin ser capaz de empatizar, sin tener la delicadeza, la bondad de colocarte, aunque sea por un instante, en el lugar de enfrente. Esto no va a hacer que tu voluntad se diluya, que pierdas valor o fuerza. Ser capaz de tomar perspectiva de ti mismo puede ayudarte a crecer. Ver cómo te ves desde fuera también es importante. Puede que haya cosas que no estés mostrando como querrías, como crees, o más aún, como eres en realidad. O puede que las muestres de una forma que hiera. Y quizá te apetezca cambiar. No porque nadie te lo exija, sino porque tú mismo lo elijas.

Sé libre. Incluso de ti.


“Los árboles que no se doblan con el viento, se parten.” Begoña

miércoles, 2 de marzo de 2016

"Jamás se penetra por la fuerza en un corazón." Molière

Jara, el alivio del Ser.
Desde hace unos meses he descubierto los aceites esenciales no sólo (como si esto fuera poco) como herramienta sagrada de sanación a un nivel de profundidad fascinante, sino también como una guía de conocimiento interno que revela y conduce a lo más íntimo de uno mismo. Puedo decir que una de las cualidades que me producen más asombro de los aceites esenciales es que trabajen a ese nivel de profundidad sin dolor, no sé cómo pero superan la resistencia sin violencia. 

En este tiempo he establecido una conexión bellísima con la Jara. Como muchos sabréis este es el año chino del Mono “Soltar o Ser arrastrado” es uno de los mensajes que trae. A veces el Ser suelta cosas que nuestra mente racional no acepta, no entiende, o incluso es más, no desea soltar bajo ningún concepto. Pero gracias a la Diosa, a Dios, o a ese universo que siempre conspira a nuestro favor (cada uno que inserte aquí aquello en lo que crea) el Ser sencillamente cumple su compromiso y: suelta...
No sólo la mente se revuelve y se retuerce con pensamientos que dicho sea de paso, son no sólo dañinos, sino tortuosos, crueles, mentirosos, enmarañados en deseos de control, de seguridad, de amor… El corazón también se abre, y digo se abre, no se rompe (citando a mi amado Rumi “La herida es el lugar por donde penetra la luz”) y duele… vaya que si duele.

La Jara es esa Gran Madre que te abraza y hace que la llama del corazón vuelva a calentar, desde adentro. Activa la luz del corazón de una forma amorosa que no alcanzo a describir. Sostiene. Acota y calma el dolor desde ese abrazo que CONTIENE sin limitar, que presiona sin taponar. Ella deja que todo salga, para que podamos ver e integrar la situación, mientras dulcemente susurra “Calma. Esto pasará. Permanece en la quietud examina tu herida. Llénate de nuevo de amor. Y después: Camina”. Aceptar que todo está bien como está, que hay una razón en todo lo que ocurre, y  que esa razón no es más que alcanzar nuestro desarrollo, ser libres, auténticos, es un camino que no siempre es liviano, a menudo es duro. Contar con el apoyo de la Jara es simplemente un regalo divino. No tiene otra definición. Vivir un proceso de transmutación  alejado del trauma, del drama, poder transitar ciertos caminos en los que la tristeza está presente pero con la bendición de ser libres de su condicionamiento, desde una perspectiva de calor interno, de no perder la conexión con esa promesa de luz que todos tenemos dentro hace que confiemos en nuestro poder de cambio, que tengamos fe.

Os invito a conocer los aceites esenciales, a mí me han cambiado la vida. No concibo ningún aspecto de mí sin ellos, tanto a nivel personal, como a nivel consultas, ahora siempre trabajo con ellos.
Dejo el enlace del Instituto ESB donde estoy realizando los estudios. Enrique Sanz Bascuñana es simple y llanamente la persona para acercarse a los aceites esenciales, su forma de impartir clases, sus conocimientos y su sensibilidad, no se pueden describir, hay que tener la suerte de recibirlos.

Un abrazo lleno de flores!