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Namasté

Namasté, no es otra cosa que un saludo. Una manera de expresar la alegría que produce el encuentro con alguien. 
Los hindúes lo emplean para saludar al Ser que habita en nuestro interior,la energía que nos mueve, la divinidad que alojamos en nuestro cuerpo.

Precisamente ese Ser que habita en cada individuo, que emplea el cuerpo y la mente para desenvolverse en este mundo, es el objeto a trabajar en el coaching. A veces vivimos desdoblados en lo que somos en el cuerpo y en la materia, y en lo que somos en alma y en esencia. Vivir así es sin duda fuente de conflictos, miedos y obstáculos en nuestro día a día.
Digo Namasté para expresar la alegría que me produce encontrar personas que eligen desarrollar el éxito en su vida, con esa energía que habita en ellos (esa que sólo tienen que descubrir por si mismos), que es la misma que habita en mí, en tí... esa que circula por todo el Universo.

Todos y cada uno de nosotros compartimos esa energía, da igual como la llamemos: prana, chi, unidad… lo que importa es que cada vez más gente la percibe y la utiliza conscientemente. 
Cuando nos decidimos a vivir la vida en el lugar que soñamos, para el que estamos hechos, que nos corresponde, de forma casi automática el mundo que nos rodea cambia miramos desde otros ojos, vemos a las personas y a la realidad de forma mucho más amplia. Somos capaces de darnos cuenta de que no tenemos por qué rivalizar ni competir con nadie, hay un lugar para todos y de todo para todos.


Caminos hay muchos, algunos ya han trabajado el terreno trazando mapas dejándonos libros, enseñanzas, ejemplos de vida… pero el mapa nunca es el territorio y nosotros no somos (sólo) intelecto, por eso cada vez son más las personas que deciden actuar. 

No es importante tan importante lo que sepas, lo que aprendas, lo verdaderamente importante es cómo vives cada momento.




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