sábado, 16 de febrero de 2013

"Se puede tener, en lo más profundo del alma, un corazón cálido, y sin embargo, puede ser que nadie acuda a él." Vincent Van Gogh



A veces cuando pensamos en sensibilidad, equivocamos términos y automáticamente pensamos en debilidad.  Una persona muy sensible no es menos resistente al dolor, puede que incluso todo lo contrario.

No sé por que ese empeño en hacernos tan fuertes, esa costumbre de ir disfrazando las cosas que  nos duelen o no nos gustan con un "yo puedo con esto y mucho más".

En mi caso concreto soy una persona muy sensible, siempre lo he sido. Durante años perfeccioné mi técnica "Strong enough" para sobrellevar situaciones límite, pasando de puntillas y escondiéndolas en un baúl de piedra con el que aprendí a cargar haciendo ver además que esto no me pesaba.
Ahora, a veces me sorprendo a mí misma lamentando que desde fuera nadie sea capaz de ver cuándo me encuentro mal...para terminar dándome cuenta de que soy una maestra en esconderme dentro de mí misma. ¿Quién podría verme allí adentro?

Cuando algo, alguien me duele me retiro. Dejo un espacio entre yo y eso, para que externamente pueda apreciarse esa distancia, ese alejamiento y se escuche el silencio. Lo que conlleva la necesidad no sólo de que eso venga a sacarme de mi rincón oscuro, sino también de que eso vea dónde estoy y por qué.
He de decir que la mayoría de las veces no funciona, son muchas las ocasiones que eso no viene a buscarte, lo que prolonga la estancia encogida en un rincón.
Encoges, encoges y encoges y un día casi sin darte cuenta, en tu baúl ves un saco enorme de inseguridad y tristeza. ¿Salgo ahora? ¿Por qué no viene a buscarme? ¿No pueden verme?

La sensibilidad es distinta en cada uno de nosotros, no podemos intentar obligar a nadie a vivirla tal y como nosotros lo hacemos o medirla como resistencia. Ni podemos culpar a nadie por no ver a través de nuestros ojos.

Es por eso, que como el Ermitaño, que se retira a meditar a su cueva cuando lo considera necesario y retorna cuando siente que ha encontrado su sabiduría, seas tu mismo quien salga de tu cueva sin hacer responsable a nadie de tu retiro o de tu regreso.





martes, 12 de febrero de 2013

"El liderazgo es una oportunidad de servir, no de lucirse" J.Donald Walters

"Comienzo con la premisa de que la función del líder es producir más líderes,
 no más seguidores." 
Ralph Nader

Un buen líder es aquel que otorga a cada una de las entidades un valor inconmensurable, dándoles confianza en si mismas, libertad, un líder es alguien que no se hace notar, permanece atento en la sombra y solo levanta su batuta cuando aparece alguna dificultad o problema, sosteniendo silenciosamente, disfrutando de ver que cada cosa ocupa su lugar y funciona, sin necesidad de manipularla. Acompañando el funcionamiento de mecanismos complejos a través del amor y la confianza, sin exigencia, sin juicio.
Es alguien que ve las habilidades y aptitudes de cada componente y sabe no solo sacar lo mejor de el, sino que a través de su desarrollo hace florecer también lo mejor en los demás.

Recelo de los que dicen tener capacidad de liderazgo diciendonos a donde hemos de ir y que camino coger, de esos que levantan la voz señalando a los que no funcionan, esos que se afanan en sobresalir y mandan sin escuchar, a los que humillan y excluyen. A los que sentencian "tu no sirves para...".

Porque esto no revela mas que de su incapacidad para liderar. 



"El que quiera ser líder debe ser puente"
Proverbio galés

domingo, 10 de febrero de 2013

"Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo." Franz Grillparzer

 Quiero comenzar con esta ilustración mi regreso a la bloggosfera.
Un regreso en parte gracias a quienes me habeis dicho, "te sigo", significa mucho para mí saber que puedo llegar a vosotros desde mi ventanita blogger; muchas gracias de verdad os mando un beso enorme a tod@s. A veces he anhelado ser anónima, pero sin duda vuestros comentarios me compensan y mucho.

A veces la vida nos coloca desafíos sorpresivamente. Mis amigos muchas veces me hablan de saltos de fe. Los saltos de fe son precisamente esos momentos en los que uno no sabe a donde va, pero sin duda esta dirigiéndose allí donde debe estar.
Así que cuanto antes nos quitemos todo lo que nos pesa y saltemos mucho mejor, cuanto más tiempo pasamos mirando un abismo, más oportunidad le damos al miedo de apresarnos y más difícil es alzar los pies del terreno.

Y es así como comienza a llegar lo bueno. Durante el salto.