Puede que a lo largo de nuestra vida se planteen situaciones en las que debamos perdonar a quienes de una forma u otra nos haya dañado. Muchas veces encuentro personas que son capaces de dar ese perdón, limpio, transparente; un perdón que ciertamente olvida el error de quienes le hirieron, que no juzga, que no guarda, que no esconde nada; un perdón que sin embargo son incapaces de regalarse a ellos mismos. ¿Curioso verdad? El perdón siempre es un regalo. Una oportunidad para crecer, bien continuando un camino junto a alguien, o a través de la liberación de un peso, que te impide avanzar con firmeza o que simplemente no sirve más en ningún momento futuro. Ha de ser un regalo para quien lo recibe, pero también para quien lo da. (No me atrevería a decir si es más difícil perdonar o ser perdonado, no creo que haya ninguna escala para medir esto.) Si somos capaces de perdonar a los demás, de ser compasivos y darles el espacio para empezar de nuevo, ¿por qué para noso...
"Mira siempre el lado más brillante de la vida y, si no existe, entonces frota el oscuro hasta que brille."