miércoles, 13 de abril de 2016

"Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales." Miguel Delibes

El acompañamiento a personas con enfermedades etiquetadas como terminales es siempre una experiencia dura, y no obstante muy enriquecedora, no sólo por cómo inevitablemente abre tu mente y la concepción de la vida, sino porque esas personas suelen ser tremendamente generosas y comparten sus reflexiones, su sabiduría, antes de cruzar ese umbral. Quizá sería muy tópico hablar de lo que consideran importante, el tiempo que invirtieron en hacer cosas que no les satisfacían, y el tiempo que nunca encontraron para hacer sus sueños realidad. (¡NO TE CONFORMES! ¡NO TE ACOMODES!)

En realidad hoy me gustaría centrarme más en el papel de la familia y allegados en este tipo de situaciones. Inicialmente ninguno estamos preparados para asistir al proceso de deterioro, a la observación de los síntomas, a esa sensación de no poder hacer nada. Por ello se hace necesario poner mucha conciencia. Ser muy empático. Liberarnos de nuestro deseo, apego, miedo.
Hissopus Officinalis
La cuestión es ¿qué es priorizamos? ¿Tener a ese ser querido? Nos hemos acostumbrado a alentar a las personas a luchar contra las enfermedades, cuando esas enfermedades son parte de ellos, de aquello que no dijeron, de momentos que no superaron… de esa sombra que no expresaron. Es un camino, un mensaje, una guía inexorable que nos conduce a lo profundo de ese asunto. No es algo que les sobreviene, al contrario, nace de dentro afuera. Precisamente para liberarse dando a luz a sus zonas más oscuras.

Soy consciente del debate que esto puede suscitar. Pero he constatado que muchas veces adoptamos actitudes egoístas y preferimos tener a alguien sufriendo a nuestro lado, que aceptar su proceso o su posible pérdida. No es justo. Bastante duro es el camino que transitan como para que nos atrevamos a exigirles el esfuerzo de cargar con el “qué sería de mí sin ti”, “aguanta”, “es mejor esto que morir”. Llega un momento que no todos están convencidos de querer quedarse, y tienen derecho a no hacerlo. No podemos reprocharles que a veces tengan ganas de tirar la toalla.

Con todo esto quiero invitaros a reflexionar si en algún momento teneis cerca esta situación. A ser muy cuidadosos con los procesos de enfermedad. Alentar sin exigir. Permitir el espacio para que esa persona exprese su sentir, sea como sea, sin forzar un optimismo fingido. Todas esas emociones son potencialmente sanadoras siempre que se acojan, porque sin duda, forman parte del laberinto en el que finalmente se encuentran a sí mismos.
Nuestro reto es sostener sin manipular, dar todo el amor y calor sin expectativas,y abrir bien los ojos fijándonos en la belleza que también late allí. Facilitar en la medida de lo posible el encuentro con la propia sombra.


El aceite esencial de Hissopus officinalis es de gran ayuda en estas situaciones. He sido testigo de grandes experiencias de liberación con este aceite, tanto en la persona enferma, como en la familia. Por hoy no quiero extenderme más, el Hisopo cuanto menos merece un post completo :)

¡Gracias por leerme!

"Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo." Platón


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